Cultura musical para indios y salmones

MARRY ME (2007), ST. VINCENT

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Es difícil elegir –con intención de reseñarlo– un disco clásico. Para empezar porque no es fácil discernir cuándo un disco ha pasado a la categoría de clásico, pero también porque resulta difícil no sentirse intimidado ante la perspectiva de dar la puntilla a un álbum del que probablemente esté todo dicho. Desde las altas esferas de Notodoesindie me proponían hace poco los diez años como lapso suficiente para hablar de un disco considerándolo clásico. Es curioso que, ahora que Annie Clark se halla en plena gira de presentación de su quinto álbum Masseduction, aunque duela pensarlo, se cumple exactamente una década de la publicación de su primer trabajo Marry Me (Beggars Banquet, 2007). Reseño, pues, al límite de la legalidad, el debut de St. Vincent: todo un clásico.

 

Llama la atención, escuchándolo con la perspectiva del tiempo, lo claras que tenía las cosas Annie Clark en su primer LP. En él ya encontramos rasgos que se convertirían con el paso de los discos en la seña de identidad de St. Vincent. Canciones concebidas como puzles, construidas mediante muros sonoros y guitarras alocadas, en ocasiones poco accesibles; melodías clásicas que desvarían, sonidos disonantes, bajos de dimensiones sísmicas: un horror vacui que sorprende por su magnífico empaque. Y, por supuesto, tenemos también esos medios tiempos de belleza sobria como el que da nombre al álbum, a los que St. Vincent ha seguido reservando un hueco en los álbumes venideros. Además, en este Marry Me existe una fuerte reminiscencia a banda sonora, posible herencia de sus tres años en el Berklee College of Music de Boston que ha rebajado con el paso de los años mediante la experimentación y el uso de sonidos menos clásicos, pero que no ha desaparecido.

En Now, Now, canción que abre el álbum,  demostraba ya el dominio técnico de la guitarra del que ha hecho gala en toda su discografía y que tiene una importancia capital en su música. Siempre encontramos un uso distintivo y poco ortodoxo del instrumento más manido de la música rock. A su vez, en ese tema, igual que en otros del álbum, tienen mucho peso las líneas vocales de acompañamiento, que crean loops que se usan casi como un instrumento más. Es fácil percibirlo en Jesus Saves, I Spend o Your Lips Are Red, canción que además es una perfecta muestra de esos muros sonoros a los que hacía referencia antes. Por otro lado, Marry Me, a la cual ya he hecho referencia, y  Human Racing se ocupan de dar esos momentos de relajación al oyente. Otras, como Paris is Burning o The Apocalypse Song, podrían formar parte de alguna banda sonora, quizás de James Bond.

Lo que es evidente es por qué su música se ha catalogado como art rock. Artistas como David Bowie o David Byrne son influencias inequívocas de la americana, tanto en su música como en la estética que tanto ha trabajado, especialmente en los últimos años. En 2012 colaboró con Byrne en el álbum Love This Giant y ambos se lanzaron a una gira que sin duda sería una inspiración importante para Annie Clark de cara a su álbum homónimo de 2014. Sobre todo en esa parte estética, que iba a cobrar una importancia que no había tenido hasta entonces en su carrera y que sigue teniendo en el álbum que ha presentado este año. Sin embargo, aunque en la época de Marry Me no parece que Annie Clark otorgase esa importancia a los aspectos visuales del álbum y de los conciertos, en su música si mostraba ya esa densidad compositiva y ese gusto por la opulencia instrumental.

 

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