Cultura musical para indios y salmones

NACIONALISMO MUSICAL CONTRA UNA ESCENA CON HÁNDICAPS

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Una escena, en palabras de la RAE, se define como el «ambiente o círculo en que se desarrolla una actividad». Por ejemplo, en el caso del britpop, quedó claro, y su propio nombre lo decía, que era un conjunto de grupos de pop británicos. Actualmente, la oleada de grupos de música psicodélica surgidos durante los últimos años en Australia se ha erigido también como escena. Tame Impala es el máximo exponente, pero junto a ellos tenemos también a Pond, GUM, King Gizzard & The Lizard Wizard, The Growl o los menos conocidos Moses Gunn Collective, entre otros.

Otro caso parecido lo encontramos en Estados Unidos, donde Mac Demarco ha promovido un sonido al que se unen bandas como Homeshake o Walter TV, formadas por músicos que han acompañado en directo al canadiense. Pero no es un círculo cerrado ni mucho menos, ya que encontramos artistas que, aunque no hayan colaborado con Mac Demarco, sí beben de o practican ese sonido: el también canadiense Travis Bretzer, Ariel Pink o Connan Mockasin son tres claros ejemplos. Todos ellos, además de un sonido, comparten una actitud y una estética, lo cual los une de forma más estrecha en el imaginario colectivo.

En España existe ahora mismo otra escena madrileña salida, al igual que la Movida, de las entrañas del barrio de Malasaña. Es la formada por grupos como Hinds, The Parrots o Los Nastys (que estuvieron en la isla en febrero), que llevan el garage por bandera. Y algo muy valioso que tienen todos ellos es la consciencia de escena y una amistad férrea que les ha llevado a prosperar de la mano. Estos grupos, a su vez, beben de los catalanes Mujeres y de los gallegos Novedades Carminha, por nombrar algunos garajeros nacionales de renombre.

A la hora de centrar nuestra mirada en Mallorca, encontramos muchas dificultades para definir una escena por su género, aunque tampoco es que sea algo absolutamente necesario. Podríamos decir que gozamos de un enorgullecedor eclecticismo musical, pero quizás estaríamos pecando de vanidosos: al fin y al cabo, no debemos ser más eclécticos que otras muchas ciudades de España; aunque tampoco menos. Lo que está claro es que, ciñéndonos a la citada acepción de la palabra “escena”, no cabe duda de que el hecho de estar geográficamente aislados nos obliga a definir nuestra supuesta escena como puramente mallorquina. El ambiente en el que se desarrolla la actividad musical en Mallorca es, valga la redundancia, Mallorca, y eso es un hándicap para nada inofensivo que condiciona a todos. Es un hecho que nuestros grupos tienen mayores dificultades a la hora de darse a conocer, de girar y, en general, de labrarse una carrera a nivel nacional; pero existen casos de éxito rotundo, y si no que le pregunten a Luis Alberto de L.A., uno de los grupos que actualmente otorga mayor visibilidad a la música isleña. Tal vez ese hándicap es una de las pocas pizcas de homogeneidad que encontramos en la escena mallorquina (además de una bastante limitada oferta de salas) donde cada grupo es de su padre y de su madre y resulta difícil establecer conexiones estéticas o sonoras entre la mayoría de ellos. The Wheels, con su pop psicodélico; Zulu Zulu, con su música tribal; El Día Eléctrico, con su electrónica rompepistas; Lava Fizz, que encabezan estas líneas, con su indie más puro. Todos ellos, así como el resto de bandas, sufren o sufrirán ese problema.

En resumidas cuentas, que difícilmente podemos abordar la escena mallorquina desde una perspectiva holística, y ese hecho es de lo más enriquecedor pero puede provocar el aislamiento de algunos grupos respecto a otros cuando lo que hace falta es precisamente lo contrario. La dificultad que existe para la retroalimentación entre bandas que estilen el mismo género musical habla bien de las inquietudes de nuestros músicos, pero obliga a la escena mallorquina a concebirse a sí misma como un único barco (y nos viene al pelo esta metáfora) en el que todos deben remar en la misma dirección, que, por ahora, ha de ser la península. Y para esto es necesaria una consciencia de escena ajena a estilos, un cuasi nacionalismo musical, y un buen puñado de manos tendidas entre nuestros músicos.

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