Cultura musical para indios y salmones

TRIBU INDIA

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Muchas veces durante nuestra infancia y adolescencia nos hemos sentido al margen de un grupo, de nuestra propia familia, del universo entero si fuera necesario. En el fondo a algunos casi hasta nos gustaba aquello de dar la nota; ya fuera por la forma de vestir, o esa rebeldía casi obligada y pretenciosa en el carácter; pero sobre todo porque escuchábamos otra música… “esa” música…

Cuántas veces habremos escuchado a nuestros padres aquello de “hij@, ¿¡qué música escuchas por dios?!” O aquella otra advertencia de “¡te vas a quedar sordo!” por acostumbrarnos a los altos decibelios. Pero no nos entendían… Dábamos por hecho que nuestros padres no alcanzaban a comprendernos; así debe ser, como mandan los cánones. Éramos “diferentes”… Luego llegaban los primeros síntomas cuando los grandes éxitos más radiados parecían no decirnos nada, y veíamos como nuestros compañeros de clase se sabían hasta las letras en inglés, aún suspendiendo la asignatura. Pero llegaron mediados de los años noventa y la eclosión del grunge y la música más alternativa (ahora indie) definitivamente nos hizo (sentirnos) distintos. Y fue la excusa perfecta para justificar nuestro propio y autoimpuesto apartheid. De repente nos empezamos a sentir cómodos en aquel estatus de “raritos” por escuchar eso que una vez más la madres denominaban “ruido”. Algo de razón nos les faltaba, dicho sea de paso. Pero era ese ruido, y todo lo que nos hacía sentir aquella música, el gran factor diferencial frente al resto. Tenía un precio a veces, pero lo asumíamos gustosos.

Luego con los veintipico ya directamente dejamos de escuchar radio fórmulas y éxitos mainstream para pasar a ir a festivales y colgarnos etiquetas varias, según fuéramos experimentado al escuchar diferentes estilos de músicas; pero eso sí, siempre tratando de conservar esa distinción entre los demás que nos proporcionara ese perfecto aura de misterio y “exclusividad”; que siempre iba muy bien para ligar, o al menos intentarlo…

En cualquier caso nunca ha resultado fácil encontrar gente de tu “especie”. Y cuando se trata de mantener conversaciones sobre música es fácil caer en el aburrimiento mental al saberse incomprendido por alguien que, sin ánimo de ofender, tiene una sensibilidad distinta para con la música, sin más. Cuántas veces nos habremos encontrado en la situación de, ante la pregunta de “¿te gusta la música?”, tener que escuchar aquello de “sí, mucho; me encanta XXXX” (vale por cualquier artista archiconocido de la música más comercial; y no pongo ejemplo para no herir susceptibilidades). Vale, sin querer sonar soberbio, nos referimos a la MÚSICA en mayúsculas. Y sé que esto es ambiguo, pero confío en que sabéis a lo que me refiero.

Aún así, el espectro musical es amplísimo. Y ahí quería llegar… Cuando te plantas en los treinta y ni tu novia entiende qué carajo de música escuchas, entonces un día se da una conjunción de factores astrales que hace que te veas inmerso en un grupo de gente que…, ¡mira tú! tiene gustos similares a los tuyos, o que por lo menos parece que tiene cierta amplitud de miras y mayor capacidad sensorial. Entonces piensas que hay esperanza (en la deriva) y que no está todo perdido.

Y así llegué a conocer hace ya más de un año a Pablo Riera, padre fundador de NotodoesIndie, dando con un colectivo de gente inquieta, diferente, sensible al arte en sus múltiples manifestaciones en definitiva. Quizás buscaba en lugares vacíos; puede que me juntara con la gente equivocada (musicalmente hablando); quizás al final no soy tan “especial”…, o sí…

“Dios los cría y ellos se juntan” suelen decir… Y parece que es una cuestión de tiempo que cada oveja vuelva a su redil. A veces sólo se trata de encontrar “tu sitio”, o al menos creerlo…

¡LARGA VIDA A NOTODOESINDIE!

notodoesindie blanco

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