Cultura musical para indios y salmones

EL CASABLANCA: UN LUJO EN GOMILA

en ARTÍCULOS/BALEARES por

 (dedicado a la memoria de Manolo Bonet)

 

Queridos Indios, queridos Salmones, lectores variopintos y pirados por la historia de la noche mallorquina y la de Palma y la de Gomila…

Hoy saco a colación un autentico top de los bares de Palma, en este caso también restaurante, que ocupo durante once años un lugar en nuestros corazones, hígados y mente. Un bar que nos ganó a todos.

Detrás de esta movida estaba la familia Bonet que además ponía en juego su propia casa, nada baladí, puesto que hablamos de una de las más hermosas mansiones de Palma y probablemente de las más importantes de El Terreno, ahora tan de moda. Se trataba de un edificio racionalista nada menos que en la plaza de  s’Aigua Dolça en Ca’n Bonet, finca del año 1933 que aún se alza orgullosa. En ella tuve el privilegio de vivir durante dos años ya pasada la fiebre que supuso El Casablanca.

Los Bonet son personas muy queridas en Son Armadams y El Terreno, y muy conocidos. Llevaron a buen puerto este local de copas y de cenas pero sobre todo de gente especial.

Se inició el proceso pasada la primera recesión de la zona de Gomila. Aquellos que recordéis la plaza Atarazanas y el Hard Rock en los años 70, sabréis muy bien de qué os hablo. Este bar tenía en todo el edificio superior un gran graffiti de una chica USA; en los 80 ya triunfaban en Barcelona, lo mas moderno de España. La fórmula eran unas torres reconvertidas en locales con una oferta en copas y en cenas. Esta idea y el graffiti del Hard Rock influyeron decididamente en El Casablanca: nuestro bar; de hecho adoptó dicha fórmula y se situó en la fachada del edificio un graffiti de una pareja de moda, estilo Hollywood, con un fondo de balaustrada mediterránea y mar. En él podía escucharse a los Rolling Stones, a Iggy Pop, a Lou Reed

Como ya he indicado, El Casablanca arranca en plena primera recesión de Gomila allá por el 1983. Detrás del Ca’n Bonet, nuestro bar, le siguieron, sacando músculo y plantando cara a los primeros augurios negativos, el Minims, inolvidable, el Moncloa , El Patio, ya a un nivel de gran lujo. Estos bares junto a los tradicionales Joe’s, la Palace restaurante, el Chotis o el simpático Loa.

Nuestro bar fue frecuentado por artistas como Luis Escobar, el inolvidable marqués de Leguineche de Berlanga, y otros, no menos famosos. Incontables noches pasó en él Fede Pintó, el más loco de aquellos tiempos  cuyas fiestas siempre serán recordadas. También se daban cita en él una cantidad ingente de periodistas a la caza de reportajes y fotos de los famosos que pululaban desde La Polka hasta el Joe’s o el Moncloa, y los mas conspicuos «señores de la noche», quienes procesaban un cariño especial por nuestro bar, por su fantástico ambiente y por la extraordinaria plantilla que en él trabajaba, destacando a Elena Márquez, esposa de Toni Bonet, quien se ocupaba de todo lo ocupable. Los Bonet estaban en su propia casa y eso se notaba. Su socio el conocidísimo José María Forteza, junto a su mujer Bily, icono de mi juventud y paradigma de belleza y estilo. Jaime Nadal, hoy en la barra de La Polka, inició allí su carrera de barman.

La combinacion de comida de categoría, en la onda USA, hamburguesas deluxe y otros clásicos. Las copas, la diversion y el bullicio de las terrazas, la primera en la primera planta según se sube la elegante escalera que aún permanece en Ca’n Bonet y que daba al legendario Club Natacion Palma, ya olvidado o cerrado en aquellos momentos, y una segunda barra exterior que se abrió a posteriori a respuesta de la ingente cantidad de personas que por allí desfilaban, junto a la entrada y antes de la escalera antes mencionada. Todo ello con el impresionante grafiti presidiendo una escena a lo Clark Gable en una terraza, una elegante pareja… inolvidable.

Dicha combinación permaneció con éxito por casi once años, del 1983 en adelante, y el bar se convirtió en el lugar en el que se reunía la gente más divertida de Palma, siendo un imán para todos los que consideramos que nuestro bar no era otra cosa que la casa de Los Bonet, cuya dedicacion, generosidad y estilo es bien conocido, aún hoy, por los que nos curramos la noche y, en ocasiones, hasta bien tarde… provocando esa fusión de crápulas y burgueses,  una combinación que, como en La Polka ahora, nunca falla.

Gracias Maruja, Nancy, Silvia, Cristina, Don Alfredo, ese hippie de oro y Toni Bonet. Y gracias a Manolo Bonet, que nos dejó prematuramente y al cual dedico este articulo .

La nostalgia es patente en mis escritos pero en este resulta muy especial por  la vinculación al local y a sus artífices y porque, como todos , yo quería un local así.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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