METALEROS FROM HELL: AC/DC HARD ROCK Y POLLO CON PATATAS

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Una de las cosas apasionantes que tiene la música es su historia. Se puede agarrar cualquier canción, de cualquier grupo, en cualquier parte del mundo y armar un asombroso árbol genealógico que te presentará al padre, abuelo y hasta al bisabuelo de esa banda que te gusta, y en el camino, quizás te tomes unas cervezas con algún primo segundo que no conocías. De esa forma, si quisiéramos por ejemplo, trazar una línea desde Chuck Berry hasta casi cualquier variante del rock de nuestros días, inevitablemente tendríamos que pasar por AC/DC.
Partiendo de que la banda formada en Australia por los hermanos Angus y Malcolm Young, forma parte de la historia viva del rock, voy a contarles por qué vale la pena escucharlos o “seguir” escuchándolos y de paso, voy a aprovechar para mencionarles una serie de coincidencias que han servido para alimentar el imaginario colectivo sobre el supuesto satanismo de la banda que, por otra parte, no es más que otra muestra del estigma que acompaña a cualquier rockero, desde Elvis Presley hasta nuestros días.

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Anaïs Nin dijo alguna vez que “no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos” por lo tanto, ni bien la banda empezó a hacerse conocida allá por 1974, se encendieron las alarmas de las familias más conservadoras y AC/DC nunca fue para ellos la sigla de “alternating current/direct current” (corriente alterna/corriente continua) como había visto Margaret -otra de los hermanos Young- escrito en su aspiradora y que se adaptaba a la energía que transmitía la banda. La sigla se transformó en sinónimo de bisexualidad y satanismo sin escalas previas. Por si fuera poco, en 1979 llegó el gran éxito internacional de la mano de “Highway to Hell” – disco que figura entre los 500 Indispensables de la revista Rolling Stones- y que para una porción de la sociedad, era otra muestra de las oscuras inclinaciones de la banda. Poco importaba que la canción que dio nombre al disco, en realidad estuviera inspirada en la taberna a la que concurría asiduamente el cantante de la banda y que se encontraba al pie de una colina, en una intersección donde la frecuencia de los choques era tal, que la carretera comenzó a hacerse conocida como “autopista al infierno”.
Bon Sott murió sin poder disfrutar a pleno del éxito arrollador del disco y tiempo después Brian Johnson, su reemplazante comentaba: “Bastante tenemos con hacer que cada puta línea rime con la siguiente como para ir metiendo mensajes satánicos en medio”.

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Pero no hubo caso, el siguiente disco, “Back to Black” con una tapa completamente negra y esa impresionante intro de campanadas (muy doom style, debo decir) para la que la banda mandó construir una campana porque ninguna sonaba lo suficientemente bien, fue interpretado más como “música del diablo” que como un homenaje al fallecimiento del vocalista. Incluso la propia Hells Bells, que abre el disco y que en su mención de Satanás y el infierno remite realmente al último trabajo de Scott, fue interpretada de la forma más literal.
Y por supuesto, no podía faltar una historia sangrienta en la menestra. Entre 1984 y 1989 un asesino mató a 14 personas en EEUU y en cada oportunidad dejó una gorra con el logo de la banda en la escena del crimen, cuando lo arrestaron llevaba una camiseta del grupo y tenía un apodo parecido a una de las canciones que integraban el Highway to Hell…. Y las mentes febriles vieron una maravillosa oportunidad para dar rienda suelta a la imaginación.
Pero, ¿Por qué vale la pena escuchar a AC/DC? Para empezar, porque la música de los hermanos Young tiene sus raíces directamente en el R&B de Chuck Berry y, hablamos de otro pilar fundamental de la música. Desde allí con una idea fija y concreta en la cabeza hicieron de AC/DC una parte indiscutida de la historia del rock. No pudieron con ella ni la muerte de Bon Scott, ni los cambios en la formación, ni el paso del tiempo, ni la tan vapuleada teoría del “renovarse o morir”. Cada cambio aportó sin modificar. Y se transformaron en una “garantía de satisfacción”, una roca donde se estrelló, década tras década un mar que – en el sacrosanto nombre de una industria a veces un poco confundida – se ha llevado un par de buenos grupos.

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Actualmente se encuentran en medio del que será su último Tour, Angus Young ha quedado como único miembro fundador tras la sustitución de su hermano Malcolm el año pasado debido a que ha sido internado afectado de demencia. Por otra parte, el baterista Phil Rudd también debió ser sustituido poco antes del comienzo de la gira debido a una acusación por amenazas y tenencia de drogas. Y lo lamento muchísimo, incluso sin ser una fan acérrima, porque AC/DC es mi pollo asado con patatas.
Si, leyeron bien, porque cuando tengo ganas de comer pollo asado con patatas no pido delicadas hebras de patata con espuma de pollo en cerco de finas hierbas que, por mucho trabajo que tenga detrás, me va a dejar con hambre y además, seguirá sin ser pollo asado con patatas. Cuando tengo hambre me siento y pido lo que quiero comer y escuchar a AC/DC, sin importar el disco que se escuche, equivale a una vuelta a lo básico: todo está en el lugar que tiene que estar y el rock sigue siendo rock. Irónicamente, resulta casi, casi una plácida, interesante y hasta esclarecedora comida familiar.

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