VAR SNÄLL OCH SPELAR INTE (POR FAVOR NO TOCAR MÚSICA)

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Hace unas semanas nos despertamos en Palma con la noticia de que dos locales de la ciudad  instaurados en Es Jonquet estaban condenados al cierre o, mejor dicho, a la reconversión en restaurantes. Por una parte, la Sala Luna, donde hemos podido disfrutar de bandas como The Limboos, Wau y los Arrrghs, Groovin’ Flamingos, Los Punsetes, Las Ruinas, Los Bengalas y un largo etcétera, y, por otra, la Sala Sabotage, una de las cuatro salas de la ciudad de pequeño formato donde las bandas locales podían actuar en condiciones aceptables.

Los gobernantes parecen estar de espaldas a la música: falta de locales de ensayo, falta de políticas que ayuden a dinamizar el circuito de música en directo (permisos, licencias, etc.) y lo más importante, ausencia de políticas que establezcan nexos entre el colectivo y las instituciones a fin de que éste pueda beneficiarse de convocatorias públicas, subvenciones a la movilidad y/o a la producción discográfica y que éstas no recaigan siempre en las mismas manos; porque si queremos presumir y hacer bandera con la “participación ciudadana” no basta con publicarlas en webs y Facebook y pensar que así daremos con la implicación del ciudadano, sea el área que sea, pues ello supondría quedarse únicamente al principio del largo camino que queda por recorrer.

Esperemos que en estos dos años que quedan de legislatura haya quien se dé cuenta de que la música y la cultura no solamente son una forma de ocio, sino un elemento integrador y de cohesión entre los ciudadanos y que el barrio de Santa Catalina ya hace años que se lo entregaron a los suecos y a los alemanes. Por favor, ahora acuérdense de nosotros y salven lo poco que nos queda.

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