El título de este texto no puede ser más desafortunado, la simple idea de plantear ambas propuestas antagónicas es un poco despropósito. Una diva internacional poco tiene que ver con la banda de culto indie por excelencia en nuestro país. Más que de comparar peras con manzanas esto va de relevo generacional y empatía con el público.

Recientemente he estado viendo a Los Planetas, apenas hace 3 días, y a Rosalía, apenas hace unas horas. El concierto de Los Planetas fue, ni más ni menos, lo que todos los seguidores de los granadinos esperamos. Un directo contundente, perfectamente ejecutado, con un setlist muy equilibrado. Hace años que Los Planetas han dejado de ser aquella banda irregular que era capaz de lo mejor y lo peor, ahora tocan como un tiro… eso sí sin apenas aspavientos. A J casi le tuvieron que arrastrar sus compañeros para el último bis, apoteósico con “Toxicosmos” y “Pesadilla en el parque de atracciones”. Apoteósico para sus seguidores, para el resto seguramente ni fu ni fa.

Todo lo contrario que Rosalía, que no tiene mucho que ver con los granadinos pero también daba un concierto de Pop. La catalana irrumpía en el escenario con un tema de Ni-Hao, una barbaridad de chicle punk japonés que Shazam me chivó y que te teletransportaba al mundo marciano de Rosalía (más original que el Space Odity con el que vi a Coque Malla salir en escena hace apenas unos días). El éxito de la diva se debe a multitud de factores, sin duda uno de ellos es la conexión con sus seguidores. La propuesta de la artista tiene un punto minimalista perfectamente estudiado, todo está calculado para ensalzarla a ella. El show es ella, con primeros planos proyectados en pantalla gigante que apenas permiten artificios. Se le ha criticado no llevar músicos en directo, no los necesita. Probablemente despistarían, la música, cuando ella quiere, la pone ella tanto a la guitarra como al piano. Más de un no seguidor de Rosalía que asistiera al espectáculo debió quedar embelesado. Los fans ni te cuento.

En Los Planetas apenas vi alguna veinteañera despistada cantando sus canciones. La excepción que confirma la regla de su no relevo generacional. Ojo, ya no hablo de llegada a las masas, sino de empatías con el nuevo público. Mis hijos no quisieron acompañarme a Los Planetas. En cambio vieron a Yatra y ahora ambos son fans. ¿Me fastidia? Sí, pero me parece estupendo… (también hay otras cosas muy guays que escuchan). Se morían por haber venido a Rosalía. Hubieran flipado. La producción en el estudio se puede trabajar. Las coreografías también. La naturalidad de esta chica y su talento no. Hace tres años vi a Rosalía con un espectáculo sobre producido y no conecté, ayer flipé bastante.

Los planeteros despechados nos emocionábamos en la soledad de nuestra habitación con frases como “y si esto te hace daño, si te puedo hacer sufrir… ha servido para algo, al menos para mí”. Los fans de la Rosalía se aprenden “La despechá” en un vídeo de Tik Tok que, apenas unos días después de haberse publicado, ayer miles de personas cantaban a pecho descubierto.

A una buena amiga más joven que yo le decía el otro día la gran gilipollez como que difícilmente la gente de su generación podía conectar con un artista como en la nuestra. Me equivocaba por completo. Ellos la pueden seguir a diario y conocer de cerca, seguir sus gustos, meterse en su día a día (al menos el que proyecta). Yo hablaba de conexiones con discos, no necesariamente con el artista. Una vez más mezclaba peras con manzanas. Ella tuvo el detalle de no despellejarme, lo cuestionó con una sonrisa y me dejó disfrutar de mi concierto. 

Por supuesto yo me quedo con el “Y podrás decirme qué cabrón y puede que incluso se te ocurran más insultos” pero sin duda es

mucho más himno generacional el “Saoko papi, Saoko”. Hay que joderse pero es así.