CONCIERTO HALF MOON RUN EN BARCELONA

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La banda canadiense de indie rock se presentó el 6 de marzo en Barcelona con su nuevo álbum A blemish in the great light, en el marco de una gira europea junto con el músico Tim Baker como telonero. Puedes leer la entrevista al baterista y multinstrumentalista de la banda Dylan Phillips con quien pudimos charlar la misma tarde del concierto.

Horas más tarde, a sala medio llena, abría el concierto Tim Baker, otro canadiense que deleitó al público con la dulzura y suavidad de sus canciones. La atmósfera creada por este músico hacía que a medida que se iba llenando la sala, el público mantuviera un silencio atento mientras disfrutaban de la apacible calidez de sus melodías.

Entre Tim y la salida a escena de HMR fue necesario un tiempo considerable para poner a punto más de una decena de instrumentos que sabe Dios cómo lograron meter en un escenario tan pequeño que los cuatro apenas podrían moverse. Era un anticipo de lo que esta banda, conocida por ejecutar multiples instrumentos en sus performances, estaba por ofrecer.

Con precisión, talento y una eléctrica energía los cuatro canadienses deleitaron al público con un repertorio que incluyó los temas más conocidos de Dark Eyes y Sun leads me on y más de la mitad de los del nuevo album. Abrieron con 21st Gun salute y en un sutil in crescendo de energía fueron alternando temas de los tres discos: «I can’t figure out what’s going on», «Then again», «Turn your love».

Decidieron regalarle al público algo de improvisación con una canción que no tocaban hace muchos años, It works itself out, pero un fallo mientras la tocaban los obligó a detenerse. Esto acabó por generar una proximidad con el público que en adelante participaría más activamente, vivándolos y cantando sus canciones. Resuena entonces la cita que Dylan tomó de Cohen: una grieta, un fallo, una imperfección dejó entrar la luz. A blemish in the great light.

Su público cantaba con igual entusiasmo las canciones del nuevo disco apenas lanzado 4 meses antes. «Favourite boy» con su melodía pegadiza y sus reminiscencias ochentosas y «Flesh and blood», una balada folk suave y a la vez llena de energía con armonías preciosas en los momentos indicados. Jugando hábilmente con la atmósfera, los cuatro alteraron su distribución milimétrica en el escenario y, todos de pie en el centro, compartieron un solo micrófono para «Sun leads me on». Luego de la balada «Need it» gradualmente volvieron a recuperar la energía electrizante que asomaba al comienzo y tras la épica «Razorblade», con más de 7 minutos de duración y la gloriosa New Truth, fue un non stop de furor incrementado con la histriónica ejecución de la percusión por parte del cantante en Call me in the afternoon. Se sucedieron «Drug you», «She wants to know», «Jelo on my mind», «Fire escape» y para el bis, como broche de oro, la canción que los lanzó a la fama gracias al videogame Assassin’s Creed IV: «Full Circle».

Algo más de una hora de concierto en la que dieron lo mejor que tienen para ofrecer. La gente salió de la sala lentamente, conversando sonriente en distintos idiomas, satisfecha por un conciertazo cargado del inmenso talento y sensibilidad que los caracteriza, con la intimidad que sólo puede darse cuando bandas consagradas pisan tierras donde todavía no son tan conocidos. Por ahora.

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